Antigua, Guatemala, 4 de noviembre del 2005
MENSAJE DE BATAY OUVRIYE
RESPECTO A LA CONSTRUCCIÓN DE UNA COORDINACIÓN REGIONAL OBRERA DE LA INDUSTRIA TEXTIL
Estimados amigas y amigos, compañeras, compañeros,
Esos días, en Antigua, Guatemala, una iniciativa está lanzada para poner en pié una coordinación regional obrera del textil. Dada la importancia mundial que tiene esta rama de la producción (la gran mayoría de la humanidad hoy en día se viste, y somos nosotros que se le hacemos todos sus trajes, zapatos y otras ropas interiores…); dada la facilidad que les propicia a los burgueses de esta industria la gran movilidad del capital financiero y la delocalización de las fábricas que, consecuentemente, puede surgir en cualquier momento; dado, por el otro lado, el auge de resistencia, combatividad y perseverancia que exprime la clase obrera involucrada en este proceso, a pesar de todos los riesgos y, concretamente, la brutal represión que allí existe: una coordinación obrera estaría entonces no solo bienvenida, sino que imprescindible.
Nuestra posición, en Haití, uno de los países donde los trabajadores han sido históricamente y actualmente de los más explotados y dominados del mundo, es no solo la de una clase que tiene la urgencia absoluta de tales iniciativas, no solo es la de unas principales víctimas de los ataques permanentes y reesforzados del sistema imperialista, como productores pero también como consumidores (la mayoría de nuestra ropa, por ejemplo, siendo pacas de segunda mano, están sacadas de la basura del Norte) sino también de trabajadores que tienen la exigencia de compartir su experiencia y sus lecciones con compañeras y compañeros de la región y del mundo, con fin de superar los límites del pasado y poder avanzar de la manera la más firme y consecuente hacia pasos de desarrollo real e imborrables del movimiento laboral en construcción.
Datando de los inicios del siglo veinte, la clase obrera haitiana está joven. Pero ella saca sus raíces de este pueblo de trabajadores rebeldes que logró derrocar al sistema colonial y esclavista antes de todos, durante un soplo revolucionario ejemplar por su tiempo y hasta hoy. El establecimiento del sector del montaje textil en nuestro país surgió de los cadáveres del movimiento obrero combativo, asesinados por Duvalier y sus esbirros durante los años 60, pero también de los cadáveres de la pequeña artesanía local de costura, desmantelada durante las siguientes décadas. Es decir: el lazo fundamental existente entre las dos caras del mismo fenómeno, la producción y el consumo, lo político y lo económico.
El análisis de la industria de la aguja mundialmente, ilustración ideal de la necesaria aparición allí del imperialismo a partir de lo económico, hace resaltar igualmente esas relaciones dobles permanentemente. Cuando esta rama de la economía norte americana no logró actualizar a cabalidad su maquinaria y modernizar lo bastante su producción, sus tasas de ganancias cayendo poco a poco por debajo del promedio, lo único posible era buscar otros lugares dónde recomponer la plusvalía necesaria. La mano de obra llevada a estar sumamente barata en los países dominados ofreció esa alternativa. Así empujados en su propia lógica a exportar su capital, los burgueses de los países industrializados, no sólo buscaban mercado dónde vender sus productos sino que, sobre todo, buscaban en esta etapa apropiarse de la mano de obra, muchísimo más barata que en su propio país. Para esto, había que preparar el terreno económica y políticamente. Este proceso previo, aunque siempre respondiendo a los mismos principios básicos (destrucción de las capacidades locales de valorizarse) varía según las formaciones sociales en presencia. En Haití, la destructuración de la economía nacional empezó con un sistematizado ‘dumping’, al mismo tiempo que se desarrollaba sobre todo el territorio, por ejemplo, la masacre planificada por la USAID de los puercos criollos, última reserva de un campesinado ya altamente empobrecido. La eliminación de la producción de azúcar y la destrucción de la de arroz, dictadas por el Banco Mundial y el FMI, iban junto con un sin número de “ayudas alimenticias”, anulando así gran parte de los productos agrícolas locales. Más recientemente, empezó el mandado, también sistematizado, de los llamados “pèpè” (pacas), haciendo desaparecer paulatinamente a casi todos los oficios artesanales…
Buscar la mano de obra barata quiere obligatoriamente decir, al mismo tiempo, mantenerla en este mismo estado. Pues: un salario nominal que no debe ni puede subir casi, uno real más y más de miseria y, lógicamente, la imposibilidad para la clase obrera de luchar en contra de esto. De allí la represión anti-sindical feroz adentro y afuera de la fábrica, de allí la necesidad de las fuerzas represivas y de todo el aparato de un Estado corrupto y orgánicamente a favor de tal situación. Pero, también, buscar la mano de obra barata y poder obtenerla, quiere decir exigir, al mismo tiempo, la miseria la más absoluta del pueblo entero, para que cualquiera de nuestros compañeros pueda, en cualquier momento, estar dispuesto a aceptar cualquier salario.
Buscar la mano de obra barata pues no es solo cuestión económica sino también política. De allí la presencia de los gobiernos imperialistas en jugar allí un papel de dominación política extrema, llegando, muchísimas veces, a expandirse sin ningún problema a ocupaciones militares directas (como en el caso de Haití hoy y en toda Latino América durante el siglo pasado), o disfrazadas (como lo son todas las relaciones militares que entretienen los países dominados con los Estados-Unidos). Buscar la mano de obra barata y mantenerla así, es un asunto global, donde los gobiernos imperialistas y sus lacayos locales juegan un papel central.
La era de la globalización del capital hace que los patronos de todos lugares se van uniendo. A pesar de algunas contradicciones que entre ellos surgen, todos, juntos, son los responsables de esta criminal empresa histórica de destrucción de los pueblos en el mundo entero. Nuestras permanentes luchas desde dos años en la primera zona franca del país, la del Grupo M del país vecino, la Republica Dominicana, reflejan perfectamente la colusión de intereses de los burgueses haitianos, dominicanos y estadounidenses (Levi Strauss, Hanes). Se puede observar también en las empresas de Gildan, como lo hemos visto con los contractantes de Disney y otros en el pasado. Hoy en día, con la terminación del acuerdo multifibra y la carrera norteamericana hacia los últimos lugares regionales de acuerdos especiales de producción (Haití, Guatemala, Honduras, Nicaragua), ásperas luchas se perfilan en perspectiva para nosotros, obreros de estos países.
De esa coalición patronal misma sale el imperativo de organización / coordinación regional y mundial de los trabajadores directamente afectados por estos procesos. Las obreras y los obreros norte-americanos y europeos, juntos con los y las del Sur, tienen el mismo interés en la superación de las luchas en nuestros países dominados ya que el bajísimo salario allí pagado hace que los obreros que sufren la explotación en el imperio mismo son los primeros en perder su trabajo. Así, aprovechamos esta ocasión aquí oferta para encontrarnos con los compañeros obreros y amigos de organizaciones de apoyo a las luchas que se llevan en este ámbito.
Del análisis arriba, sin embargo, salen, por otra parte, imperativas organizacionales que, de arrancada, deben guiarnos invariablemente en las tareas que nos proponemos. Saber a cabalidad que los patronos harán siempre todo lo posible para tratar de bloquearnos, pide que tengamos una ESTRATEGIA muy bien pensada y consecuente para organizarnos y luchar en defensa de nuestros intereses. Tenemos pues que entender muy bien la situación y, sobre todo, tener - y seguir de cerca - una LÍNEA, que nos sirva de guía, clave para una real unidad de acción entre nosotros. Es solamente con esta línea que podremos realmente tener victorias.
En primer lugar, y fundamentalmente, la necesaria autonomía de nuestras organizaciones obreras. La experiencia del movimiento obrero mundial es la del fracaso, particularmente desde la social-democracia del siglo veinte, de toda forma de colaboración con los patronos o sus estados organizados para defender sus intereses. Es porque proponemos de inmediato que, si estamos agradecidos al Solidarity Center de la AFL-CIO para esta iniciativa, tenemos la obligación urgente de declarar formalmente que no es recomendable montar tal coordinación bajo su dirección o aún supervisión o control. Por varias razones.
Primero y, fundamentalmente, por causa de su naturaleza, como organización ong-ista, de funcionarios y no obrera en sí. Segundo, y tan importante, por un conjunto de puntos que tanto de adentro como de afuera han significado críticas serias que nunca tuvieron, sin embargo, respuestas adecuadas. Nos referimos a los debates surgidos antes y durante el último congreso de aquella central norte-americana. De hecho, tanto las quejas de militantes de base (profundas, sólidas y denunciando la falta de democracia participativa de los miembros), como las críticas de las organizaciones barriales de las minorías, o las de ciertas ramas, para un cambio de orientación en la directiva, entre otros, no han obtenido rectificación, ni aún contestación. Por otro lado, críticas más avanzadas han apuntado la relación estrecha que entretiene la AFL-CIO con el Partido demócrata norte-americano, el despliegue de energías que para ello realiza y la falta de autonomía que tiene con respecto a esa relación, lo que le impide desarrollar ninguna clase de crítica en contra de este Partido burgués y tan imperialista como el republicano (nuestras historias tanto de trabajadores como de pueblo lo evidencian claramente) y, así, no oponerse claramente ni a las destrucciones y dominaciones que se nos imponen, ni a las guerras imperialistas criminales (concretamente, pues, a avalizarlas) y llegar a hasta participar a Golpes de Estado o ensayos de derrocamiento en contra de gobiernos progresistas como lo fue el episodio en contra de Chávez.
A todas esas críticas, internas como exteriores, de base como a nivel de dirección, sobre orientación funcional como de intervención internacional, la AFL-CIO no ha dado respuesta satisfactoria, tampoco el Centro de Solidaridad
Es cierto, su participación en movilizaciones correctas a favor del respeto de los derechos de los trabajadores básicamente en los Estados-Unidos mismos (como lo será la del 10 de diciembre próximo) indica un nuevo aliento, también es cierto que la participación de los militantes del Centro de Solidaridad en luchas concretas junto con los trabajadores en los países dominados fue y sigue siendo de un apoyo apreciable, sin embargo nos quedamos creyendo que el aparato en sí sigue siendo antes de todo burgués, controlado de varias formas (los aspectos “administrativos” representando ejemplos claros, entre otros) por las estructuras imperialistas y, como tal, últimamente en contra de los intereses históricos de los trabajadores.
Algunas tendencias dentro de la central norte-americana han tratado y siguen tratando de imprimir desde adentro cambios significativos respecto a todos estos temas fundamentales, otras han preferido no participar o salirse de ella y seguir la lucha desde afuera. Ciertas críticas, serias y detenidas, han llegado a proponer que los trabajadores organizados formen una nueva coalición, entonces autónoma, de funcionamiento amplio y basada en la movilización de masas. A nosotros, hoy, nos toca estar claros que un aparato controlado por la burguesía monopolista e imperialista nunca podrá representar y defender a cabalidad los intereses de los trabajadores.
Hoy, precisamente, ya que ha tenido con nosotros presentes un papel del cual, hasta ahora, se puede sacar posibles avances, el rol de los militantes aquí presentes del Centro de Solidaridad, si no piensan poder llevar la crítica a la dirección de la organización que la encabeza (en ocurrencia el AFL-CIO) y desarrollar allí una lucha realmente decidida para, adentro mismo, denunciar todo lo negativo que trae, si no piensan poder emprender la imprescindible ruptura con el control burgués-imperialista y si, en el terreno de lucha, no piensan poder reorientar el funcionamiento burocrático que caracteriza a varias prácticas suyas y de ciertas organizaciones en contacto, es pues de facilitar en todos los sentidos y en todo lo posible los contactos entre los organizadores que comparten estos objetivos y, por otra parte, ayudar a hacer funcionar allí la autonomía necesaria.
Este último aspecto, el de la autonomía, siendo uno de vital importancia, merece igualmente que en él nos detengamos. Propondremos su aplicación en tres momentos: el primero, concierne precisamente un aspecto crítico de la presente reunión. Se trata del orden organizativo mismo. A nuestro parecer, no sería recomendable tener confundidos y puestos al mismo nivel las organizaciones obreras y las de apoyo. El mismo principio de autonomía obrera no sólo pide tal distinción sino que, en su lucha para siempre y en todo mantenerse vigente, deja evidentemente como populista al orden que mezcla a las organizaciones de tan distintas naturalezas. Tal amalgama, inconsiderada, a su vez abre espacio para una fácil dirección pequeña burguesa. De hecho, por “cualidades técnicas” - de las que llaman “intelectuales” o de “educación” entonces “clásica” -, tarde o temprano, ocupará el puesto de decisión o, por lo menos, nivel igual de decisión. Este orden, para los intereses obreros, es muy nefasto y puede ser sumamente peligroso. Además, propone implementar relaciones de reflexión pero también de avance organizativo, en base a “trabajos de talleres” mientras que, para nosotros y según los verdaderos intereses históricos de la clase obrera en sí, la relaciones verdaderas, centrales, bases formales de cualquier nivel de organización y de su avance cualquiera, deben de formarse a partir y en la lucha misma. Tenemos que construir nuestra coordinación regional. Con el apoyo de todos los que quieren sostener esa iniciativa pero con principios claros y línea clara.
El segundo momento se refiere a la relación que se propone montar por la lucha misma. De hecho, para nosotros, la coordinación no debería representar un lugar intermediario entre “brands” y organizaciones sindicales, donde investigaciones, cartas y “diálogos” se llevan el espacio central y, finalmente, casi único. Tenemos, al contrario, que crear una coordinación diferente, emergente de las acciones de base, principalmente y casi únicamente para la lucha en sí, coordinadas por los obreros y obreras mismos, sufriendo de la misma explotación, muchas veces de los mismos explotadores. Una coordinación que está clara que tanto los dueños de fábrica como los propietarios de “brands” forman juntos una sola lógica de explotación y que, a pesar y encima de algunas pequeñas contradicciones que frente a nosotros dicen tener, están básicamente unidos y contra nosotros. Para nosotros, el papel de intermediario que juega el Centro de Solidaridad con respecto a los “brands”, de ninguna manera debería trasladarse a los sindicatos ni aún a las organizaciones de apoyo en el terreno.
El tercer momento reside entonces en este preciso terreno. La organización estructurada del sindicato obrero no sirve para nada si no en vista siempre de tener como objetivo a la movilización de masas, consciente, estructurada y a lo máximo asumida. Para esto, la línea llevada hasta ahora por los consejos del Centro de Solidaridad no nos permitirá conseguir este objetivo, haciendo de la simple inscripción y de la negociación relegada a comités o, peor, a funcionarios (aún con la mejor intención y la mayor inteligencia y coraje) el eje central de la lucha sindical. Desvanece al Movimiento Obrero que históricamente queda por reestructurarse.
Tal movilización debe también llegar a incluir a otros trabajadores, desempleados, las masas en general. En barrios, organizados por medio de los obreros mismos. Sus habitantes son nuestros hermanos, vecinos, amigos, amados… Bien organizados y articulada su participación en un campo estructurado, llevarán la lucha al igual que nosotros, simplemente porque es tan suya. La movilización de Bonao, en la República Dominicana, la de Ouanaminthe en Haití, pero también todas las luchas argentinas 2000-2003 llegaron a construir, a pesar de tener a veces límites importantes, movilizaciones que lograron obtener victorias significativas aunque parciales.
La orientación hoy propuesta, no responde a todos estos criterios para nosotros fundamentales y definitivamente determinantes. ¡Ojala que logremos superar los obstáculos que se nos presentan! en beneficio último del interés del proletariado.
|
|